Techno Pop de los 80
La electrónica dejaba de ser un simple recurso futurista para convertirse en el centro de la composición. Había una búsqueda sonora mucho más sofisticada, más adulta y profundamente moderna para su época.
El tecnopop de los 80 fue, en muchos sentidos, la evolución natural de todo lo que había comenzado a surgir paralelamente con el Italo Disco y la electrónica mediterránea. Pero aquí ya no se trataba únicamente de música orientada al baile: empezaba a aparecer una generación de artistas que entendía los sintetizadores, las cajas de ritmos y la producción electrónica como una verdadera herramienta cultural y estética.
Grupos como The Human League, Orchestral Manoeuvres in the Dark, The Cure, Culture Club, Eurythmics, Depeche Mode o New Order empezaron a desarrollar un lenguaje completamente nuevo. La electrónica dejaba de ser un simple recurso futurista para convertirse en el centro de la composición. Había una búsqueda sonora mucho más sofisticada, más adulta y profundamente moderna para su época.
Algunos grupos comenzaron a experimentar con estructuras y recursos que entonces eran prácticamente inéditos. Depeche Mode, por ejemplo, trabajaba ya con múltiples capas de percusión electrónica simultánea, mientras que New Order otorgaba al bajo y a la secuenciación electrónica un protagonismo absoluto sin renunciar nunca a la melodía. De aquella mezcla entre tecnología y sensibilidad nacieron canciones que hoy siguen funcionando como auténticos himnos generacionales.
Tanto el Italo Disco como el tecnopop acabaron sentando las bases de todo lo que llegaría después. Sin aquella revolución silenciosa habría sido imposible entender el auge posterior del house, el synth-pop moderno o la explosión de la cultura club de los 90, ya no solo en Europa, sino también en ciudades como Chicago, donde empezaban a surgir escenas completamente nuevas alrededor del house y los clubes underground.
Lo más curioso es que quienes vivieron aquella época rara vez eran conscientes de estar atravesando una revolución cultural. Pero lo era. Cambió la manera de producir música, de consumirla y también de entender la identidad juvenil, la sofisticación urbana y la expresión colectiva dentro de los clubs. En Europa, aquella cultura electrónica acabaría conectando incluso con movimientos sociales, políticos y generacionales que acompañaron el final de una época y el inicio de otra completamente distinta.
Aunque eso ya es otra historia.
